Aunque seas una persona que come de forma saludable, es fácil caer en la rutina de comer las mismas comidas confiables una y otra vez. Esto es especialmente cierto para aquellos de nosotros que hemos perdido peso o estamos perdiendo peso. Cuando encuentras comidas que te gustan y que también encajan en tu cuota calórica, o en cualquier dieta que estés siguiendo, la tendencia es a no variar por miedo a romper un sistema que funciona. El problema es que, a largo plazo, comer los mismos alimentos una y otra vez puede afectar tu salud.
Vitamina D: Un cuento con moraleja
Por ejemplo, la comunidad médica cree ahora que la mayoría de los adultos solo obtienen aproximadamente la mitad de la vitamina D que necesitan. La vitamina D no es realmente una vitamina, es una hormona esteroide. Si te falta vitamina D, puedes experimentar depresión, problemas gastrointestinales, dolores óseos, enfermedades frecuentes y más. El problema es que la vitamina D se obtiene a través de la exposición al sol. Dado que la mayoría de nosotros A) trabajamos en interiores la mayor parte de las horas diurnas o B) usamos protector solar cuando estamos al aire libre, hay una enorme brecha entre lo que producimos y lo que necesitamos. Puedes obtener algo de vitamina D de alimentos como el salmón, el atún, la leche fortificada y el zumo de naranja. Si estás a dieta, probablemente acabas de decir "no, no, no y no". El salmón y el atún son pescados grasos y muchos dietistas optan por pescados más ligeros para reducir las calorías. Los dietistas también suelen evitar los zumos de frutas debido a su alto impacto glucémico (y recuento de calorías), y la leche no está en el radar de muchos adultos a menos que esté preparada en un batido.
¿Qué más te estás perdiendo?
La deficiencia de vitamina D es un descubrimiento relativamente nuevo que debería hacernos considerar qué más nos estamos perdiendo y por qué.
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Vitamina E (antioxidante) – almendras, semillas de girasol, avellanas, sardinas, aguacates, aceite de girasol, aceite de semilla de algodón, aceite de cártamo
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Magnesio (regula la presión arterial, construye un sistema inmunológico saludable y fortalece los huesos) – frutos secos, mantequilla de cacahuete, espinacas, avena, judías, lentejas
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Vitamina K (crecimiento celular) – col rizada, berzas, espinacas, hojas de remolacha, hojas de mostaza, coles de Bruselas, brócoli
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Colina (función muscular y nerviosa saludable) – huevos, judías, guisantes
En general, el truco es variar los alimentos que comes. Busca una gama de colores, contenido de grasa, fuentes de proteínas y carbohidratos. No elimines por completo un tipo de alimento como la fruta o el pescado graso solo por su alto impacto calórico. Piensa en volver a incluir el aguacate, los frutos secos y las semillas en tu dieta. También puede ser el momento de hacerte un análisis de sangre y que tu médico te recomiende suplementos, especialmente si estás en un plan de pérdida o mantenimiento de peso que sea inferior a 1600 calorías al día.
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